Los “brujos” de Diriomo

Los “brujos” de Diriomo

Marisela Espinoza García, de 43 años, tuvo su primera experiencia con la brujería hace doce años. Acompañó a una amiga a Diriomo a visitar a un curandero y ya en el lugar le dio curiosidad por leerse las cartas del Tarot. “Su esposo anda de bandido con una mujer mucho menor que usted”, le dijo, aunque no le creyó, pero si le sembró la duda.

A las pocas semanas notó que su marido recibía, con bastante frecuencia, llamadas telefónicas de “una sobrina”. Marisela empezaba a creer que tal vez las cartas le habían dicho la verdad y no tardó mucho en escuchar -a escondidas- las palabras amorosas de su esposo a su “sobrina”.

En la cultura nicaragüense no es raro recurrir a brujos y curanderos para conocer el futuro, curar una enfermedad, descubrir infidelidades, o mejorar la suerte en el amor o los negocios.

Por qué aún en día, a pesar de los avances tecnológicos y médicos, se encuentran tan arraigadas estas creencias tan particulares en la gente y con tanta fuerza. La respuesta es muy sencilla: porque pasan de generación en generación, de padres a hijos, de amigos a amigos.

“Guías espirituales”

Para la señora Andrea Peña, originaria de Diriomo, Granada, es primordial aclarar antes que todo cómo se le denomina a este oficio que ella practica desde hace más de cuarenta años: “no soy bruja, ni nada por el estilo, soy curandera y guía espiritual”, enfatiza.

Comenta que ella aprendió a leer las cartas y a leer la mano con un señor, al que visitó para que la aliviara de sus males. Andrea padecía de un embarazo extraño, que se le notaba la panza por la mañana hasta el medio día, y después era como si no andaba nada.

“Mis suegros me llevaron donde ese curandero, y me dijo que estaba embarazada, que tenía un aire colocado y por eso la criatura no desarrollaba. Me pusieron en tratamiento, me sacaron entierro y ya quedé buena”, recuerda.

Desde esa ocasión ella quedó interesada en aprender cómo se “cura” a la gente, y ahora esto es su modo de sobrevivencia. Según Andrea, siempre existe gente que le quiere hacer daño a los demás, mediante hechizos o brujería, y lo bueno es que estas cosas siempre se curan.

También asegura que en este tiempo se ven pocos casos de brujerías. “Antes se oía a cada rato decir que a la gente le agarraban convulsiones, o que miraban al demonio, ahora casi no, es como que se va terminando eso”, señala. cartas-tarot

Las visitas

Muchos se cuestionarán: ¿en pleno siglo XXI hay gente que recurre a “curanderos” para aliviar sus enfermedades crónicas, conseguir el éxito, conquistar parejas, o hacer daño a otros?, aunque parezca raro o ridículo, la respuesta es afirmativa, porque solo en Diriomo se contabilizan más de una docena de personas que se dedican a brindar consulta a todo el que lo solicite, y cada uno puede llegar a atender más de diez “pacientes” por día.

Es válido agregar, que quienes buscan estos servicios son de distintos estatus sociales, desde personalidades muy cultas hasta individuos analfabetos. A Diriomo llega gente de los departamentos más alejados del país, como las Regiones del Atlántico, Jinotega, Nueva Segovia, entre otros, además de las naciones aledañas como Guatemala, Costa Rica, El Salvador, y hasta de Estados Unidos.

Los honorarios de los curanderos, depende del trabajo que vayan a realizar. Una consulta puede costar 250 córdobas, la leída de cartas o mano cien córdobas, y la solución al problema o enfermedad puede estar entre los 800 y diez mil córdobas.

Santos vs brujería

De acuerdo a lo que se le ha inculcado a la humanidad a lo largo de los años, los santos han sido seres que se han distinguido por sus cualidades morales especiales, es decir, son los elegidos por Dios para hacer el bien. Entonces, ¿por qué es común encontrarse con un  sinnúmero de imágenes de santos y vírgenes en uno de estos “consultorios”?

Andrea responde que ella es muy cristiana, y celebra la Virgen de Candelaria, de Guadalupe, y ha sido mayordoma del Divino Niño. “Yo a ellos les pido para que me ayuden a curar a las personas”.

Biólogo y curandero

William Mena, de 65 años, es biólogo de profesión y maestro de secundaria. Desde hace 50 años, él se dedica a todas las especialidades populares que se practican en Diriomo: curandería, brujería y botánica. Sus conocimientos de curandero los adquirió de sus abuelos, y hasta de la partera que le ayudó a su madre cuando él nació.

Dentro de los servicios que él ofrece están: lectura del tarot, baraja española, manos, y otros. Para William, siendo un profesional no le ve contradicción a la curandería, ya que él como biólogo practica sus conocimientos sobre las plantas para los medicamentos botánicos.

“Cuando alguien viene a que le resuelva problemas sentimentales, o de enfermedades desconocidas, uno tiene que recurrir a los dos conocimientos, en mi caso, al científico y al oculto. Antes me preguntaban si yo era brujo blanco o negro, yo mezclo las dos cosas para conocer el otro aspecto”, comenta.

Del mismo modo, explica que en el caso de las cartas, estas son un simbolismo, pero uno presiente el 50% de lo que le llegan a consultar.

Algunos casos

Igualmente, comenta que existe toda clase de maldad que le pueden hacer a uno. Uno de los casos que él ha atendido, fue el de una señora, a la que le asignaron un bar de un colegio, después de quitarle el permiso a otra mujer.

Un día la nueva dueña notó que en su negocio, habían aparecido de la nada un montón de gusanos, buscaron si había alimentos descompuestos, o moscas, pero no encontraron nada que explicara la existencia de estos animales. William llegó, los roció con una sustancia, y al instante desaparecieron.

Otra historia extraña, fue la de un hombre que llegó a buscarlo, porque tenía tres meses de padecer una diarrea que solo controlaba por unos días, pero al poco tiempo reaparecía. Visitó varios médicos y ninguno pudo encontrarle solución a su mal, así que acudió a William, y junto a él “ataron cabos” y llegaron a la conclusión que su esposa le estaba dando a beber ciertos químicos, en venganza por haberle sido infiel.

Posteriormente este hombre revisó su casa, y debajo de la cama encontró un blúmer de su esposa traspasado con algunos alfileres. William analizó “el entierro” y deshizo el hechizo.

Marcia Elena Rojas, viajó desde Jinotega hasta Diriomo, para ser atendida por uno de los curanderos más famosos en este pueblo, Luis Antonio “Toñito” Castellón, quien heredó el oficio de su difunto padre Luis Castellón. Marcia comenta, que ella los conoce a los Castellón desde hace quince años, luego que su abuelo se los recomendara.

“Vengo aquí desde hace varios años, a buscar medicina para la artritis, el colón, y el hígado. Él es muy bueno, solo me da medicamentos, no me lee cartas, ni nada de eso. Yo le digo lo que traigo y él me da medicamentos. Prefiero venir hasta aquí porque los doctores cobran más caro, y no me hacen nada”, relata.

Don “Toñito” atiende los días martes, miércoles y viernes de ocho de la mañana a dos de la tarde en su casa de habitación. No brinda consultas los lunes, ni los jueves por ser Día del Santísimo, ni los domingos que son de descanso.

Su tarifa por consulta es de 250 córdobas. Pero el precio del tratamiento depende si se trata de una enfermedad natural o “sobrenatural”. Además de personas con la salud deteriorada, acude gente que ha tenido mala suerte en el amor y los negocios, o por envidias en el trabajo.

Los pacientes deben llevar una foto para que sea estudiada por Toñito y determinar su problema, así como también una muestra de orina. Según sus pacientes, este curandero no utiliza la hechizería “ni hace maldad” como otros.

Nando Gadea, el más famoso curandero de Nicaragua

Decenas de personas de todas partes del país visitaban semanalmente el Cerro de La Cruz, en Jinotega, para pasar consulta con el viejo y famoso curandero Nando Gadea (q.e.p.d), a quien se le atribuía el don de curar con cascaritas y escupitajos.

Este reconocido curandero tenía conocimientos de la Madre Tierra, los que aplicaba con la medicina naturista, con los que se dice curaba múltiples enfermedades a personas de diferentes clases sociales, algo que hizo hasta el momento de su muerte, a los 102 años.

Explicación médica

Cada uno de los sujetos que acuden donde un curandero o brujo, lo hacen guiados por sus propias supersticiones, es decir, motivados por creencias y sentimientos ilógicos hacia una fuerza sobrenatural, según explica el doctor Vicente Maltez, especialista en medicina interna.

El doctor Maltez agrega que el individuo siempre experimenta una serie de limitaciones, ya sean culturales o afectivas, entonces es cuando busca una tabla de salvación a sus problemas. Conociendo estas circunstancias “personas inescrupulosas manipulan la necesidad colectiva o individual, en función de ofrecer panacea”.

De igual forma, el doctor Maltez asegura que a veces debido a la acumulación de problemas, como el diagnóstico de una enfermedad mortal, el paciente cree que se va a morir, se desespera, y lo único que anhela es una solución rápida.

Ahí se produce un bloqueo psicológico y por eso no puede aliviar sus males, en esas circunstancias alguien le hace creer que le hicieron maldad, y le recomienda un brujo, y no acude donde el especialista indicado.

Pero, por qué la gente siente que se cura, de acuerdo al doctor Maltez, se debe a razones psíquicas, ya que el individuo al descubrir que hay alguien que le puede ayudar, se siente en confianza, libera tensiones y activa la orden de recuperación.

Y respecto a la historia que seguramente, muchos han escuchado: “al pobre fulano o fulana, le hicieron maldad y le encontraron un sapo en el estómago”. El doctor Maltez enfatiza que para ningún concepto eso es probable, y ante el malestar la salud mental se desestabiliza, volviéndose sugestionable.

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