Los locos del tambor que acompañan a su equipo llueve, truene o relampaguée

Viva el Bóooooer!

Viva el Bóooooer!

Acompañan fielmente a su equipo, en las buenas y en las malas, animando al público y a los jugadores desde las gradasal sonido de tambores y gritando: “Vamos Bóer… Vamos Bóer”. Disfrutan de las victorias y sufren las derrotas del equipo como nadie; a los Locos del Tambor, la barra brava de los mimados de la capital; los Indios del Bóer, no les importa quedar sin galillo con tal de expresar su pasión por este equipo.

Poniendo en ambiente el estadio

Cristian Ríos, La Negra, es la cara más visible de este grupo compuesto por más de setenta personas, aunque no se considera presidenta, ni líder de esta barra.

“Nos gusta animar a los peloteros y poner en ambiente el estadio, incentivar a la gente a que apoye al equipo durante el juego. No es lo mismo quedarnos en la casa y verlo por televisión,
aquí venimos con nuestras familias y disfrutamos del juego, con nuestros compañeros”, asegura.

La Barra Brava del Bóer se formó en 2003, cuando el equipo jugaba en el Instituto Nicaragüense de Deportes, IND. Según Ríos empezó con tres hermanos, dos mujeres y un varón, de apellido Aguilar, que llegaban a los juegos con un tambor… luego se fueron integrando más personas.

“Ya para el 2006 nos constituimos como Barra Brava y en el 2010 como Los Locos del Tambor”, añade. Esta agrupación es independiente del equipo y su directiva, toman sus propias decisiones, compran los uniformes por su cuenta o por medio de patrocinio de empresas y se movilizan por sus medios cuando el Bóer juega fuera de Managua.

Fieles a su equipo desde siempre Pese a no ser capitalina, Cristian es boerista y sufre por su equipo. Originaria de San Miguelito, Río San Juan, su pasión por los indios nació a través de las transmisiones deportivas que escuchaban en su casa. Esto sumado a que en esa época su región no contaba con un equipo en Primera División, la convirtieron en una de las aficionadas más devotas a la tribu.

“El boerismo se siente en el corazón, me apasiona el béisbol y el Bóer. Es de las cosas que más disfruto en la vida, ver jugar a este equipo”, asegura. Adriana Obando, es otra fiel fanática del Bóer, asiste a los partidos con sus hermanos, su esposo, sus dos hijos y una sobrina.

Señala que sufre cuando el equipo pierde, y se enoja más si las causas fueron los errores o bases por bolas. No se pierde un solo juego, sobre todo si son contra la Costa Caribe, León o San Fernando. Por su parte Daniel Blandón tiene más de 30 años de ser boerista.

Acude con mucha frecuencia al estadio, y de verdad que sufre por su equipo, al punto que recientemente tuvo taquicardia en un juego, de la emoción y el dolor porque perdía su equipo. Desde niña, su padre siempre llevaba a Yamileth Artola, y a su hermana, al estadio, así inició la pasión por el deporte rey. Ahora tiene un niño de seis años, llamado Jon Lester, como el estelar pitcher de Grandes Ligas.

El menor no se pierde ningún partido, aun con fiebre asiste al estadio y conoce los nombres de toda la plantilla, y su cumpleaños lo celebró con motivos del Bóer. Yamileth, quien no se avergüenza al afirmar que lloró desconsoladamente cuando los Dantos vencieron a su equipo en la final pasada, se casó con un leonés, a quien hace mucho convirtió en fanático del Bóer.

Entradas relacionadas

No se encontraron entradas relacionadas.

Deja un comentario